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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una noche en el barrio



Suena calle es el título del último disco de Barrio Calavera, no es coincidencia, entonces, que el Festival Suena Calle verse bajo el mismo nombre. Hoy, sábado, la alameda Chabuca Granda será el centro de reunión de Fucking Club, Vieja Esquina, Batakuda, Adictos al Bidet y Circo Clown beat Box Capoxz. Todo el ambiente se inundará de ska; todos, esta noche serán del barrio.

Pero la gente no sabe qué es ska y mucho menos quién es Barrio, lo más seguro es que crean que es un evento de La Municipalidad o quizás una promoción de uno de esos candidatos desconocidos a la alcaldía, otro evento más de los muchos que se vienen realizando. Muchos cruzan sin dar importancia al imponente escenario que se ha construido para la ocasión. Algunos, los más curiosos, se quedan un rato para ver si alguien se presentará en los próximos minutos, pero son las tres de la tarde y falta un par de horas para que todo se de inicio. Se van.

Pasan las horas, los “calaveras” están animosos, es el primer festival que organiza este grupo de jóvenes. Hace un año, mientras producían el disco con Wicho García, parecía tan lejana la posibilidad de ser parte de un festival y, sobre todo, organizarlo. Y hoy por fin se está cumpliendo el sueño de todos. La adrenalina los inunda.

El cielo se tornó abruptamente de un gris oscuro. Las luces se prenden y los micrófonos se encienden. Barrio se prepara detrás del escenario, todos se reúnen y empiezan un rezo dirigido a todos aquellos que hicieron posible esa noche. Los que los acompañan y los que los ven desde el cielo. La escena incluye la pila de botellas de Red Bull, tiradas en el piso, vacías. “¡Vamos Barrio!” Gritan Skanibal, el Negro, Pablo Skacore, Palomilla, Winscho, Joao “Shakaman”, Dr. Chumbi, entre otros calaveras algo anónimas. Sin mencionar a los papás de Pavlito que lo acompañan siempre, más groupies que las enamoradas de los integrantes.




¿Por qué ska? ¿Por qué no la cumbia que atrae a más gente, por qué no el rock que tiene más historia? ¿Por qué alejarse del común y  ser parte de una cultura un poco ajena a la suya? El ska  es una  vertiente de la cumbia peruana, la cual surgió de la selva, con grupos representativos como Los Mirlos. Los cuales son los padrinos y sombra protectora de Barrio Calavera.

El grupo es conciente que forma parte de una nueva corriente musical, que recién entra a los oídos de la gente. Es por eso que la promoción está empezando. Presentaciones en Terra, Cinescape, Twiterton, el lanzamiento  del disco en Barranco Bar, presentación en el C.C. España, son sus intentos por llevar a la audiencia una nueva forma de sentir la cumbia. Un nuevo mensaje, el cual  dice que todos somos iguales a pesar de vernos tan diferentes. Una mezcla de razas y culturas que se reúnen en su música y que el lenguaje universal puede ser una canción. 

Winsho, de Tingo María y vocalista del grupo, sabe lo que hace, se mueve en el escenario y lo hace suyo. Su tono pícaro y alegrón de ser llama a los transeúntes que se quedan pegados a las letras de Barrio “…quien te crees tu para que mandarme a luchar por un país que me ha tratado muy mal, yo no tendré dinero pero se pensar yo no tendré poder pero se razonar…no te quedes sentado como un huevón que solo deja pasar el tiempo eso no tiene perdón”.

Canciones como Bocanegra, No quiero ir a la guerra y Mi cielo  despiertan a la gente,  todos empiezan a bailar, a saltar, los pogos se dan inicio y la gente simplemente disfruta. Ysabel Omega  acompaña  y con su imponente voz atrae a más curiosos.

Bailando ska genera excitación y es cuando los zancos salen animando a todos, para esto la Alameda está inundada de una audiencia nueva y eufórica que baila  y es parte de la cultura faite. No hay pasos restringidos en el ska,  es como lo sientes y si crees que zapateando o pateando lo disfrutas entonces estás permitido en hacerlo. Nadie baila de la misma manera, pero todos gritan con la misma fuerza. Se ven a los hippies saltando en una esquina y a un niño vendiendo descaradamente tronchos entre la audiencia, todos cantan al son de Winscho y con los teclados de Shakaman, el saxo del Dr. Chumbi y las congas de Paloma.


Kumbia Faite desencadena el furor y la gente se descontrola. Poco a poco se va acercando el final  y la  esperada Ska Multirracial empieza. “si tiene mucho o tiene poco eso te importa a ti…y este ska multirracial. El racismo se tiene que terminar y lo vamos a exterminar”. Su letra representa todo el espíritu del Barrio y con ella finalizan la presentación. La  gente se sienta en el piso a descansar y planean continuarla en el Etnias, después de todo el alter party se dará ahí. Uno de esos huecos en la Plaza San Martín.

La camioneta, destartalada, pero apodada “lamborgini” es abordada por el extenuado grupo. Una noche más de perdición luego de hacer lo que más  les place, música. Todos se suben y de acá no pararán hasta alcanzar la cima y lograr llevar la cultura ska  a todos los rincones del país.  

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Semidiós, apasionado y destructor

Muy pocas veces las personas se apasionan por lo que hacen. Entre los pocos afortunados se encuentran, por ejemplo, los artistas. La creación artística es, al parecer, la única ocupación por la cual un ser humano escoge y se desarrolla en lo que realmente quiere.

El arte, fruto de inspiración e interpretación única del mundo, le da artista la capacidad de manejar a su antojo las cosas que pueden existir, las que existen y la manera en cómo existen. Es un creador de cosas bellas, extrañas u horrendas. Es un semidiós.

En la música, el mundo ha conocido a varios semidioses. Quien disfruta de ella, sabe que la música puede convertir el mundo en una fantasía, y viceversa. Pero la creación está hecha para mostrarse, y en la música a esta exhibición la llamamos “concierto”.

Allí, el músico virtuoso lleva al máximo su apasionamiento a través de la performance en vivo de sus criaturas: las canciones o los temas. Ante el público, su espíritu fluirá a través del instrumento, hasta el punto de convertirse en una extensión de su propio cuerpo.

Pero a veces, el apasionamiento del virtuoso no logra alcanzar su gloria en el siempre limitado espacio de la técnica. En el guitarrista, las cuerdas o los dedos de sus manos no le serán suficientes. La gravedad de su pasión lo llevará a cometer una locura.

Entonces, tal vez haga el punteo de las cuerdas con sus dientes o su lengua, o tal vez las arañe todas sobre diversas superficies del escenario, buscando así saciar su propia posibilidad de crear y de acabar, de una vez por todas, con la fórmula de la vida.

Y si no esto no es suficiente, alcanzará su objetivo a través de la violencia o la combustión: la guitarra se romperá o se quemará. Pero, en los pedazos regados en el piso, o en la hoguera de madera y cuerdas, el músico habrá ejercido un equivocado remedo de Dios.

Porque, destruido el instrumento, el virtuoso destruye también su privilegiada capacidad de infundir vida a sus criaturas. Su sacrificio lo libera, pero al mismo tiempo lo esclaviza. Destruir para crear no siempre es una regla efectiva de la naturaleza.

Felizmente, existen las importaciones, las tiendas musicales y las de repuestos.

Un video de Hendrix, uno de los primeros en quemar (o sacrificar) su guitarra en pleno concierto. En estos tiempos, lo que se hace es donarla por una obra de caridad. A los artistas les encanta y los hace más famosos.