Cuando vamos a ver una puesta en escena algunas se desarrollan en el teatro, otras en una casa abandonada o en una huaca. Algunas poseen grandes escenografías y otras solo se valen de un fondo negro o de algunos objetos. Esto es lo que nos lleva a preguntarnos ¿Cómo es que se concibe el espacio en el teatro?
En Sin Tinta ante esta duda salimos en busca de un especialista, salimos por toda Lima a buscar que alguien nos iluminará en el tema. Llegamos a San Isidro a la altura de la cuadra 8 de Camino Real y fuimos directamente al Centro Cultural de la PUCP. Aquí abordamos a Carlos Mesta actor de la obra Medea, donde caracteriza al Maestro, y profesor de la PUCP. Carlos se percato de nuestra desesperación y se animó gentilmente a despejar todas nuestras dudas.
P: ¿Cómo se concibe el espacio en el teatro?
CM: Como actor no dejo de estar un poco influenciado por la concepción escenográfica. Veo el espacio escénico como un lugar plástico donde se juntan movimiento, tiempo y espacio. Es el tiempo lo que sintetiza la complejidad de la plástica, forma y movimiento que hay en el espacio. Esto bajo mi punto de vista lo configura el actor, porque él, por su condición de actor, lo dibuja, es el primero que dice qué necesita a nivel espacial y formal. Por su parte tanto el escenógrafo y el director deben interpretar los movimientos del actor, inspirados en el texto teatral, para terminar de darle forma al espacio escénico.
P: ¿Cuánto implica la preparación del actor para transmitir este espacio a la audiencia?
CM: Habitualmente el tiempo que demora los ensayos de un montaje que son unas cuantas semanas, 8 semanas, dos meses, pero es el director quien debe tener una concepción previa del espacio. Yo he trabajado con directores que tienen mucha idea del espacio, tienen una conciencia espacial escénica muy desarrollada como por ejemplo Alberto Isola. Él tiene una idea muy clara a nivel de imágenes de lo que es o sería el espacio escénico de determinado montaje y luego lo va terminando de crear durante los ensayos, que son la confrontación de este concepto de espacio escénico y los actores.
P: El escenario es un solo espacio, aquel espacio representa varios lugares a la vez ¿Cuánta química tiene que haber entre el director y el actor para transmitir un momento, en determinado tiempo y en determinado lugar del escenario?
CM: Si te refieres a una relación director - actor para que eso se consiga, bueno es básicamente una relación de confianza. Pero el director tiene que crear la atmosfera necesaria para que el actor con libertad pueda ser partícipe de la creación del espacio escénico. Con este trabajo conjunto se logrará que estos lugares ficticios o lugares dramáticos que vemos en el teatro, sean claros para el espectador. Claros, en el sentido de que el público sepa dónde se está desarrollando la obra, en que año están, etc.
P: ¿A parte del escenario y el cuerpo, de qué otras armas se puede valer el actor para mostrar estos momentos?
CM: Bueno hay un autor Sito Alba que habla de diez y nueve puntos diferentes que el actor y director se pueden valer para configurar el espacio escénico. Entre ellos tenemos los códigos sonoros, texturas de telas, textura de paredes, lugares aludidos (el actor habla de lugares que no se ven en le escena y lo hace para crear una atmosfera), etc.
Marat Sade, por ejemplo, habla del descuartizamiento de un personaje que murió en la revolución francesa, todo eso nos sitúa en una atmósfera que el autor y director han querido crear y el actor está tratando de transmitir. La misma plástica del cuerpo sirve para crear ciertos códigos espaciales y a través de ellos sensaciones y situaciones anímicas del personaje hacia el público.
P: ¿Qué es más importante, un escenario bien desarrollado para que el actor pueda transmitir esos momentos, esos lugares?
CM: Yo creo que es absolutamente variado, pueden ser escenarios absolutamente realistas con mucho apoyo de parafernalia, de elementos escenográficos o pueden ser lugares minimalistas donde por ejemplo con una alfombra naranja se pueda desarrollar Hamlet. En realidad es subjetivo.
P: ¿Solo la habilidad de actor puede lograr esto?
CM: No, tiene que haber una complicidad entre el actor y el escenario, pero para no confundirnos establezcamos bien los conceptos. Hay algo que se llama el lugar teatral, este es el edificio mismo; el espacio teatral, es el escenario, la sala de representación; el lugar escénico, es el escenario propiamente dicho o el lugar ficticio donde se da determinadas escenas dramáticas y otra cosa es el espacio escénico, este es el espacio estructurado para determinada obras.
Habitualmente se ha cambiado la idea de espacio escénico por escenografía, y podría creerse que por escenografía se entiende estos trastos que configuran una escena, una estructura, un espacio escénico. Pero he leído últimamente a algunos escenógrafos que reivindican la palabra escenografía diciendo que la escritura escénica, partiendo de esceno – grafía, esto vendría hacer una escritura escénica. Eso me parece maravilloso, reivindicador, precioso.
P: ¿Necesitan complementarse el escenario con el actor?
CM: Sí, tiene que haber una complicidad, más que eso, inicialmente un conocimiento y después una complicidad absolutamente intrínseca. Tiene que conocer dónde va a trabajar, cómo es el lugar, esa complicidad también la debe tener el actor.
P: ¿Lo que está sucediendo en teatro es verdad, ficción o mentira? Porque eso lo decide bastante el espacio.
CM: Por ejemplo, en el cine, el publico puede no saber si lo que ve es absolutamente verdadero o ficción, no sabe absolutamente si lo que sucede es cierto o no. En cambio, en el teatro no cabe la menor duda que lo que pasa en el escenario no es verdad, solo pasa en ese momento y a través de nuestra cabeza. Pero qué es lo que hace que lo que vemos en el teatro, a pesar de que no es real, sea absolutamente verdadero.
La respuesta es simple, es gracias a nuestra fe. En el teatro la credibilidad de los actores y la confianza que yo les tenga a ellos como espectador, mi fe en lo que está pasando, hace que eso sea verdad por un tiempo determinado. Esto solamente se puede configurar en un espacio teatral donde se ha convenido mutuamente, entre el actor y el espectador, que lo que va a pasar, suceda en ese tiempo determinado. Se puede volver a repetir, por eso la esencia de rito, pero eso que está pasando va pasar en ese momento con absoluta verdad bajo la fe que va tener el público en lo que ve.
Eso es lo que me parece absolutamente fascinante, lo que mueve, lo que moviliza, lo que hace creíble y veraz todo esto en el espacio teatral. Es la fe del público, pero sobre todo inicialmente la fe del actor en lo que está haciendo.
P: Este pacto donde nace ¿desde que el espectador cruce la puerta del teatro y se ubique en su asiento?
CM: Es subjetivo, tiene que ver inicialmente con lo que los agentes teatrales (el actor y director) quieran hacer con ese espacio teatral. Por ejemplo, hay grupos de teatro que empiezan su montaje con una subida de telón. Otros lo hacen con un recorrido desde el momento en que el espectador pone un pie en ese lugar teatral, cualquiera que sea el lugar teatral, por ejemplo un lugar teatral puede ser la huaca Pucllana.
Siguiendo con el ejemplo de la huaca, el público puede involucrarse desde el recorrido que hacen pisando el límite de la huaca hasta llegar a su asiento y disfrutar de la función. En un teatro convencional el involucramiento puede empezar desde el momento en que compro mi entrada, pero no empieza efectivamente sino hasta que yo me siento en la butaca.
Otra característica del espacio escénico es que es un elemento vinculante entre el actor y el espectador, entonces yo como director o actor decido que ese elemento vinculante qué tan grande sea. Si va ser desde el momento que voy a poner un pie en el límite de propiedad o sino cuando abro el telón como en un teatro convencional. Eso forma parte de un proceso creativo de cada uno de los agentes teatrales
Mostrando entradas con la etiqueta entretenimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entretenimiento. Mostrar todas las entradas
lunes, 13 de diciembre de 2010
martes, 19 de octubre de 2010
La mala medicina de Jon Bon Jovi
Luces, color y Rock & Roll. Esos son los componentes que la noche del 29 de setiembre, Jon Bon Jovi inyectó en los asistentes del esperado concierto que la banda neoyorquina ofreció en Lima. Y como no existen anticuerpos para tal enfermedad, no hay nada mejor que dejarse contagiar y disfrutar de la convalecencia.
Debo confesar que no soy la más grande fanática del rock. Y tengo que admitir también que no tenía muchas expectativas sobre el concierto que Jon Bon Jovi iba a dar en Lima y fui con la idea de no perderme el concierto de una de las leyendas de la música ochentera. Pero cuando salí del Estadio San Marcos a las 12 de la noche después de escuchar al cantante, me di cuenta que me hubiera arrepentido si no rompía el chanchito y compraba mi entrada. La energía y la potencia que emanaba el mítico Bon Jovi desde el escenario llegaban a todos y fue capaz de convertir hasta a los más despistados en seguidores asiduos de sus canciones.
Caminando en círculos
Para muchos, la odisea comenzó tres días antes. Las carpas comenzaron a levantarse alrededor de la Universidad San Marcos para sacarle el jugo a los 600 soles que pagaron por su entrada y estar lo más cerca posible de su muy bien mantenido ídolo cuarentón. Al parecer, mi aventura se inició un poco tarde.
Jueves 29 de setiembre. 8:00 pm. Es ridículo pensar que ya llevaba unos 20 minutos atorada a solo dos cuadras del local del concierto. Pero así es Lima. Ni hablar, a caminar se ha dicho. La entrada al concierto era un caos y había que cuidar los bolsillos, evadir vendedores y tratar de no poner un pie en los ‘regalos’ de los caballos de los policías que resguardaban la Universidad antes de llegar a la larguísima cola que empezaba, por lo menos, seis cuadras atrás.
Finalmente puedo llegar a la puerta. Ahora la cuestión es encontrar un buen lugar en la tribuna que me correspondía. Bingo. La voz de Jhovan Tomásevic se elevaba en el estadio de San Marcos mientras me sentaba y empezaba a afinar la garganta para cantar las pocas canciones que había podido aprenderme antes del concierto. El ex vocalista de Zen, que hoy hace de telonero, sale de escena y las luces empiezan a bajar hasta que desaparecen por completo y el grito histérico de los presentes hizo resonar el lugar.
Con solo 5 minutos de retraso, un enorme círculo aparece en las pantallas gigantes y entre gritos podía ver cómo los que estaban en el césped avanzaban como hormigas empujándose para estar lo más cerca posible de su ídolo. El brillo de las cámaras fotográficas creaba un panorama increíble con chispazos alternados de algunos flashes. Con la primera nota de Blood on Blood, todo el público estalla de emoción.
La gente aún está fría: no se mueve ni canta. Hasta que Jon se para en medio del escenario y grita “Lima, are you with me? Show me what you got”. En ese momento, la gloria llegó con el primer acorde del clásico You give love a bad name. El gigante de San Marcos despertó y ya no había quien lo pare. El ingenioso e increíble juego de imágenes que la banda americana proyectaba en las pantallas gigantes dejaba anonadados a todos. Los rayos de luz que iluminaban la gris noche limeña contagiaban de energía rockera a los asistentes. Y la singular voz de Jon era la mejor acompañante para una alucinante noche que recién empezaba.
La banda electrizaba a todos los presentes. Tico detrás de la batería nos hacía vibrar, David con el teclado nos llevaba a la gloria y Richie nos hacía delirar con la guitarra. Para calentar el ambiente, los rockeros optaron por un clásico: Pretty Woman y los alaridos femeninos no se hicieron esperar.
Canción tras canción, la gente se va despertando más y más. Pero el clímax llegó con el himno a la ideología del rock y que muchos deberían seguir: It’s my life. Pareció ser la canción precisa para el momento: vivir cada día, es ahora o nunca porque uno no vive para siempre. Personalmente, esa única canción hizo que la espera, el frío y el cansancio que tuve que soportar valgan la pena. Fue como una explosión de adrenalina combinada con energía y emoción que era incentivada cada vez más con el color de las luces y el estadio que coreaba cada palabra a viva voz.
Viviendo en una oración
Entre más canciones sonaban, más cerca estábamos del final. Pero aún quedaba un exitazo que no había sonado y el concierto no podía terminar si es que no hacía su entrada. La oscuridad inunda el estadio y un único haz de luz ilumina a Jon, quien empieza a cantar una de las lentas, irreconocible. Parece ser una producción de su nuevo CD. Hasta que la cosa fluyó y todos caímos en la cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir. Guitarrazo, rock, excitación: era Living on a Prayer. Nada que hacer. Simplemente una magistral interpretación de uno de los mayores hits que la banda neoyorquina ha tenido en toda su historia musical. Como es de esperarse, el público en su totalidad gritó, saltó y enloqueció con el tema. Apoteósico.
La banda empieza a despedirse y parece que todo ha terminado. Salen del escenario, pero la gente pide más. Grita, reclama a la estrella, pide temas y no pierde las esperanzas de ver a su ídolo sobre el escenario nuevamente. Las luces se van y a lo lejos se ve a la banda reingresar al escenario para cantar la que ahora sí sería su última canción: la romántica Always. Cuando las luces de las cámaras fotográficas llenan el estadio, quiere decir que lo que se viene va a valer la pena. Y así fue. La energía rockera se convirtió en ternura y el amor inundó el aire de San Marcos. Esa fue una de las canciones que más hondo caló en el ánimo de la gente y la hizo vibrar al igual que uno de los temas más intensos.
Ahora sí Jon Bon Jovi baja del escenario y no vuelve a subir. Y nos toca a todos los asistentes volver a la realidad y apachurrarnos para poder salir del estadio. Estoy segura que muchos como yo se sienten contentos y casi extasiados por haber tenido la experiencia del rock, vivirla, sentirla en las venas, dejar roncas nuestras gargantas en su nombre. Lima tuvo que esperar más de 10 años para que Jon Bon Jovi pise suelo peruano pero valió la pena.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)